Garbancito

GARBANCITO (versión de T. B.)

En un pueblo, de cuyo nombre ahora no consigo acordarme, vivía un niño tan pequeño,  tan pequeño, que sus padres cariñosamente le llamaban Garbancito. A  Garbancito nada le importaba su tamaño: es más, lo tomaba  como una ventaja. Por ejemplo, cuando jugaba al escondite con los otros niños del pueblo, ganaba siempre. Y es que Garbancito podía esconderse en cualquier sitio: en una caja de cerillas, en un jarrón, detrás de una pequeña piedra.

Un día, su madre estaba haciendo paella cuando se dio cuenta de que le faltaba azafrán, la especia que da al arroz  ese color dorado tanatractivo.  Garbancito se ofreció a ir a la tienda a buscarlo.

-Oh no, Garbancito, como vas a ir tú solo a la calle… Eres tan pequeño, te puede pasar cualquier cosa.

-Pero mamá, no me pasará nada. Déjame ir.

-Tengo miedo de que te pisen, no puedo dejarte.

-Déjame ir mamá y verás qué bien hago el recado.

Tantó insistió Garbancito que acabó convenciendo a su madre.

En cuanto Garbancito salió a la calle, se puso a cantar:

-“¡Pachín, pachín, pachón! ¡Mucho cuidado con lo que hacéis! ¡Pachín, pachín, pachón! ¡A Garbancito no piséis!”

La mayoría de la gente no acertaba a ver de donde provenía la voz, pero la oían y se apartaban. Así Garbancito consiguió llegar sano y salvo a la tienda.

-Buenos días, quería cuatro euros de azafrán.

El tendero escuchaba la voz, pero tuvo que hacer un esfuerzo para localizar al diminuto  Garbancito, plantado como estaba delante del mostrador, con la espalda un poco hacia atrás sosteniendo a duras penas dos monedas de euro.

El tendero le dio el azafrán, Garbancito pagó y salió a la calle. De nuevo, la canción le vino a los labios:

-“¡Pachín, pachín, pachón! ¡Mucho cuidado con lo que hacéis! ¡Pachín, pachín, pachón! ¡A Garbancito no piséis!”

Sus padres, que estaban muy preocupados porque era la primera vez que Garbancito salía a la calle solo, se pusieron muy contentos al verle regresar sano y salvo a casa. Su padre prometió llevarle con él a la huerta, cosa que gustaba mucho a Garbancito.

Al día siguiente, Garbancito fue con su padre a la huerta.  Cuando llegaron, el padre se puso a cavar, mientras  Garbancito andaba de aquí para allá jugando. Pero he aquí que empezó a llover y a Garbancito no se le ocurrió otra cosa que refugiarse dentro de una berza.

garbancito2
Jorge Benéitez

La mala suerte quiso que la vaca que estaba pastando por allí, se acercara a la berza y comenzará a mordisquearla. De pronto, el pobre Garbancito se vio empujado por una larga lengua a un lugar oscuro, muy oscuro…

Acabado el trabajo, su padre llamó a Garbancito para regresar a casa. Pero por mucho que gritó su nombre y por mucho que buscó por todas partes, no pudo encontrarlo. Cuando se hizo de noche, volvió a casa muy triste y se lo contó a su mujer, que también se puso muy triste.

Así que al día siguiente, se levantaron en cuanto amaneció y volvieron al huerto a buscarlo.

-Garbancito, ¿dónde estás?- gritaban los dos.

Garbancito, que oía sus voces, les contestaba:

-En la tripa de la vaca, que está oscuro y hay mucha caca.

Y de nuevo gritaban los padres porque ellos no oían su respuesta:

– Garbancito, ¿dónde estás?

-En la tripa de la vaca, que está oscuro y hay mucha caca-, volvía a decirles él.

Pero nada. No le oían. En esas estaban cuando la vaca dio un gigantesco estornudo. Garbancito salió despedido con enorme fuerza, con tan buena suerte, que  justo pudo agarrarse al bolsillo del delantal de su madre y no caer al suelo.

No os podéis hacer idea de la alegría de los padres y el niño al volver a verse. Para celebrarlo hicieron un gran banquete al que invitaron a todos los del pueblo y comieron… (bueno, eso lo contaremos otro día).

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Angie dice:

    Tus recetas tienen todas muy pero muy muy buena pinta. Si quieres pásate por mi blog
    ( http://angiesblogdecocina.wordpress.com/ ), aunque hace poco que empezado a escribir pero ya tengo alguna que otra receta.
    Saludos Angie ♥

    1. !Muchas gracias! Claro que voy a estar atenta a tu blog.
      TERESA

  2. CARMEN L.G. dice:

    Estoy coleccionando todas tus versiones de cuentos Tere.
    Por favor, no dejes de hacerlo. Me encantan.
    Gracias por haber haber pedido ayuda a tu “pinche pintor”
    Besitos

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