Comerse las botas (que no “ponerse las botas”)

Leyendo un libro sobre piratas compruebo, estupefacta, que la famosa escena de “La quimera de oro” donde Charlot, presa del hambre más feroz, se hace un guiso con su bota, tiene su base de realidad. Los piratas, en situaciones extremas, reunían el cuero de sus ropas, cinturones y bolsas. Lo dejaban a remojo un tiempo para que ablandase, le quitaban los pelos y durezas que pudieran tener y lo cocinaban después de partirlo en pequeños trozos. La escena de Charlot es tan buena, con el personaje envolviendo sus cordones en el tenedor a modo de tallarines, y chupando los clavos de la suela como si se tratara de huesos de sabor exquisito, que permanece para siempre en tu retina, una vez la has visto. Pero toda la película, estrenada en el lejano año de 1925 merece sin duda, un pase en familia.

 

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