La historia de la calabaza

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Cuando pensamos en Halloween, ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza? Pues la calabaza con luz en su interior que los ingleses conocen con el nombre de jack-o´- lantern, o sea, el candil de Jack. En sus orígenes, irlandeses y escoceses hacían este candil con un nabo en el que tallaban la cara tenebrosa de Jack y lo colocaban en ventanas y puertas con el fin de ahuyentar todo espíritu maligno. Cuando los irlandeses llegaron a América conocieron las calabazas y se dieron cuenta de que por su tamaño eran mucho más fáciles de ahuecar.

Pero ¿quién es el Jack que da origen a la historia pensarán vuestros hijos? Pues Jack era un tipo vago, borracho y pendenciero, del que se cuenta que se atrevió a engañar al demonio, aunque la historia no acabó demasiado bien para el pobre Jack. Un día en el que que el diablo había acudido a buscar su alma, a Jack se le ocurrió pedirle que antes le pagara un último trago. El diablo se convirtió en moneda y Jack lo agarró rápidamente y lo metió en su monedero, donde tenía una cruz. Como el diablo no podía recuperar su forma teniendo una cruz al lado, tuvo que pedir a Jack que lo liberara. A cambio de dejarlo ir Jack le hizo prometer que no reclamaría su alma hasta que pasaran diez años.

Y los diez años pasaron y Jack tuvo que vérselas de nuevo con el diablo. Esta vez el encuentro fue en pleno campo y  el pillo de Jack, viendo un manzano cerca, le pidió que le trajera una manzana. El diablo, no viendo la trampa por ningún lado, accedió a hacerlo. En ese momento Jack sacó la navaja que siempre llevaba con él y, rápidamente, hizo una cruz en el tronco. Como el diablo no podía bajar con la cruz allí, Jack le obligó a prometerle que nunca más iría a pedirle su alma. Y al diablo no le quedó más remedio que aceptar…

Cuando le llegó la muerte, Jack no pudo entrar en el cielo pues la lista de pecados que arrastraba era más grande que todos los oceános juntos. Pero tampoco podía ir al infierno ya que la promesa hecha por el diablo seguía en pie. ¿A dónde iré ahora?, se preguntó Jack, y el diablo le contestó: “Vete por donde viniste”. El lugar estaba oscuro y soplaba un viento tan salvaje que a Jack le era imposible orientarse. El demonio lanzó entonces  a nuestro hombre un carbón encendido del infierno para que se guiara. Jack, que siempre llevaba algún nabo encima pues era su comida favorita, ahuecó el nabo y metió dentro el carbón para que el viento no lo apagara.Y, si hacemos caso a la historia, todavía hoy sigue vagando con su candil por las tinieblas…

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. La verdad es que el mundo está globalizado y las fronteras (con todo lo que eso implica en las costumbres, usos, modas…) cada vez se diluyen más. Es verdad que mucha gente piensa que la fiesta de Halloween nos resulta muy lejana, pero lo que no se puede negar es !que es una fiesta súper-divertida para los niños! Por otro lado me pregunto, ¿no pasaría lo mismo cuando aquí llegó el rock and roll, las cadenas de comida rápida o incluso el surf, que llevan todos la marca de Estados Unidos?, ¿qué opináis? Un cariñoso saludo.

  2. Helena dice:

    Muy curioso, aunque sigo pensando que Jack no tiene nada que ver con nosotros ni con nuestros hijos.

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